
El califa y su mujer
El califa árabe hizo llamar a su secretario: -Encierra a mi mujer en la torre
mientras estoy de viaje –ordenó.
-¡Pero si ella ama a Su Majestad!
-Y yo la amo a ella –respondió el califa-. Pero sigo un viejo proverbio de
nuestra tradición: "haz pasar hambre a tu perro y te será fiel; hazlo engordar y te
morderá.”
El califa partió hacia la guerra y volvió seis meses después. Al llegar, llamó a su
secretario y pidió ver a su esposa.
-Os ha dejado –fue la respuesta del secretario-. Su Majestad citó un bello
proverbio antes de partir, pero olvidó otro dicho árabe:
"Si tu perro está preso, acompañará a cualquier persona que le abra la jaula.”
El califa árabe hizo llamar a su secretario: -Encierra a mi mujer en la torre
mientras estoy de viaje –ordenó.
-¡Pero si ella ama a Su Majestad!
-Y yo la amo a ella –respondió el califa-. Pero sigo un viejo proverbio de
nuestra tradición: "haz pasar hambre a tu perro y te será fiel; hazlo engordar y te
morderá.”
El califa partió hacia la guerra y volvió seis meses después. Al llegar, llamó a su
secretario y pidió ver a su esposa.
-Os ha dejado –fue la respuesta del secretario-. Su Majestad citó un bello
proverbio antes de partir, pero olvidó otro dicho árabe:
"Si tu perro está preso, acompañará a cualquier persona que le abra la jaula.”
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